domingo, 8 de mayo de 2011

Tan humanos, tan predecibles, tan soñadores.

   No nos damos cuenta de que la vida se acaba, que detrás no hay nada, y que cada segundo que desperdiciamos en pensar en el futuro, es un segundo que quemamos. Cuando morimos se nos olvida. No completamente, pero dentro de cien años, a lo mejor cincuenta, no somos ni fuimos nadie. Solo tenemos el presente, y es para aprovecharlo. Para cometer errores, hacer cosas sin pensar, en algún momento recordar el pasado y sonreír, y nunca planear nada. Lo mejor que podemos hacer es compartir la vida con los que nos rodean, darles una fracción de nosotros, hacer que nos recuerden, acariciar el alma de cada persona con la que te cruces, y nunca pensar en mañana. Vive hoy, a lo mejor mañana no estás entre los vivos.

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